viernes, 16 de enero de 2026

INVASIÓN Y CONSTITUCIÓN


Luis Britto García



Traidores, agentes de potencias foráneas y sicarios con equipos informáticos superiores y armas sofisticadas interfieren las comunicaciones, asesinan decenas de compatriotas, secuestran al Presidente electo, lo difaman, preparan la transición repartiéndose el país a puertas cerradas. El botín no está nada mal: son las reservas de energía fósil más grandes del planeta robadas sin pedir la opinión de su propietario, el pueblo soberano.

Una avalancha humana interrumpe el pillaje y repone a las autoridades legítimas. Blande ante las cámaras su arma secreta: un librito azul llamado Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Hablamos, desde luego, del 13 de abril de 2002. Dicha  Ley Fundamental sigue vigente. Consultémosla.

Cabe la duda de si un mandatario extranjero, que ni siquiera habla nuestro idioma, puede disponer de Venezuela y dictarle políticas a sus autoridades. Al respecto el texto Constitucional dispone: “Artículo 1. La República Bolivariana de Venezuela es irrevocablemente libre e independiente y fundamenta su patrimonio moral y sus valores de libertad, igualdad, justicia y paz internacional, en la doctrina de Simón Bolívar, el Libertador. Son derechos irrenunciables de la Nación la independencia, la libertad, la soberanía, la inmunidad, la integridad territorial y la autodeterminacin nacional. Artículo 5. La soberanía reside intransferiblemente en el pueblo, quien la ejerce directamente en la forma prevista en esta Constitución y en la ley, e indirectamente, mediante el sufragio, por los órganos que ejercen el Poder Público. Los órganos del Estado emanan de la soberanía popular y a ella están sometidos”.

        La Constitución aclara a quién pertenecen las riquezas minerales que algún mandatario extranjero considera que le hemos “robado” y de las cuales él “se hará cargo” hasta que le parezca oportuno: “Artículo 12. Los yacimientos mineros y de hidrocarburos, cualquiera que sea su naturaleza, existentes en el territorio nacional, bajo el lecho del mar territorial, en la zona económica exclusiva y en la plataforma continental, pertenecen a la República, son bienes del dominio público y, por tanto, inalienables e imprescriptibles. Las costas marinas son bienes del dominio público.”

        Preguntémonos si el asesinato sin previa declaratoria de guerra de cerca de un centenar de pescadores  inermes y de otro centenar de hermanos es credencial para que pueblo o autoridades colaboren con los invasores en la destrucción de la República. Al respecto nuestra Constitución dispone: “Artículo 25. Todo acto dictado en ejercicio del Poder Público que viole o menoscabe los derechos garantizados por esta Constitución y la ley es nulo, y los funcionarios públicos y funcionarias públicas que lo ordenen o ejecuten incurren en responsabilidad penal, civil y administrativa, según los casos, sin que les sirvan de excusa órdenes superiores”.


        El mandatario foráneo que ordenó esa serie de asesinatos masivos declara que el petróleo venezolano “le pertenece”, y ´se “hará cargo de él”, como si el secuestro de un funcionario lo hiciera propietario de bienes que sólo pertenecen a la República, es decir, al pueblo venezolano. A este respecto nuestra Constitución estatuye: “Artículo.156.-Es de la competencia del Poder Público Nacional: 16. El régimen y administración de las minas e hidrocarburos, el régimen de las tierras baldías, y la conservación, fomento y aprovechamiento de los bosques, suelos, aguas y otras riquezas naturales del país. El Ejecutivo Nacional no podrá otorgar concesiones mineras por tiempo indefinido (…)”.  Y para mayor abundamiento: “Artículo 302. El Estado se reserva, mediante la ley orgánica respectiva, y por razones de conveniencia nacional, la actividad petrolera y otras industrias, explotaciones, servicios  bienes de interés público y de carácter estratégico. (…)”..


        Si mandatarios y capitales extranjeros rapiñan tales bienes para su exclusiva ventaja personal, por falta de recursos devendrán inaplicables los derechos sociales, económicos, educativos, asistenciales  y culturales que la Constitución reconoce a los venezolanos.

        ¿Será que el bombardeo, la masacre y la violación de nuestro territorio otorga competencia al criminal para imponer medidas contrarias a nuestras leyes y a la Constitución? Al respecto pauta la Ley Fundamental: “Artículo 138. Toda autoridad usurpada es ineficaz y sus actos son nulos”.

          ¿Debemos tolerar la usurpación? Nuestra inviolable Ley Fundamental nos contesta: Artículo 130. Los venezolanos y venezolanas tienen el deber de honrar y defender a la patria, sus símbolos, valores culturales, resguardar y proteger la soberanía, la nacionalidad, la integridad territorial, la autodeterminación y los intereses de la Nación. (…) Artículo 333. Esta Constitución no perderá su vigencia si dejare de observarse por acto de fuerza o porque fuere derogada por cualquier otro medio distinto al previsto en ella.  En tal eventualidad, todo ciudadano investido o ciudadana investida o no de autoridad, tendrá el deber de colaborar en el restablecimiento de su efectiva vigencia.”

        Hemos sido víctimas de una agresión bélica. Hasta que no se suscriba un Tratado de Paz, no hay relaciones diplomáticas ni se puede pactar acuerdos de ninguna índole con el agresor.

        Dicha invasión no fue autorizada por el Senado  de Estados Unidos, el cual la rechazó por mayoría de 52 contra 47. En dicho país,  60% de encuestados rechazaban el empleo de fuerza militar para invadir  Venezuela, sólo 43% la apoyaban. A fines del año pasado,  94% de los venezolanos se pronunciaban contra una posible intervención militar. 

         El único efecto jurídico de la repudiable y repudiada invasión, además de la destrucción de vidas y bienes, es el ilegítimo secuestro del Primer Mandatario, la hecatombe de más de dos centenares de compatriotas, y la responsabilidad civil y penal que de tales delitos se deriva. El crimen no engendra derechos, sino castigo.

        La Suprema Corte de Estados Unidos acaba de retirar  al Presidente gringo el estatuto de inmunidad por actos cometidos durante el ejercicio de sus funciones. Ello abre paso a su enjuiciamiento por el Tribunal Supremo por 34 delitos graves, y a su destitución por ellos. El mandatario ha incitado al motín contra  las autoridades estadounidenses diciendo que tal decisión es “el comienzo de una guerra civil”.    En realidad, es el inicio  de la anulación de todos los actos de agresión ilegal e inconstitucionalmente perpetrados por el delincuente contra Venezuela. Culminar esa meta en el orden interno es  nuestra tarea, nuestro  derecho,  nuestro deber.



  TEXTO/FOTOS:LUIS BRITTO

lunes, 12 de enero de 2026

SECUESTRO DE UN PRESIDENTE

 

Luis Britto García


Hay actos que dejan atónita a la opinión mundial por su avilantez, su ilegitimidad, su intrínseca brutalidad.  Reiteramos que el ilegal bloqueo y las  ejecuciones extrajudiciales contra pescadores violan los artículos 1 y 2 de la Carta de la Organización de Naciones Unidas; el Estatuto de Roma sobre Crímenes de Lesa Humanidad y la Convención de Naciones Unidas sobre Derecho del Mar. Con mayor razón las viola el rapto de un Presidente y el asesinato a mansalva de venezolanos en su propio territorio.. 

El secuestro es acto de ilegítima  privación de libertad tipificado  como punible en todas las legislaciones del mundo. El perpetrarlo contra un alto funcionario no lo excusa. lo agrava, así como la ejecución del magnicidio agrava el delito de homicidio.

Tras cometer tal crimen contrario a las leyes de Venezuela, a las de la comunidad internacional y a las de su propio país, el Presidente Trump declaró, que “ahora manejaremos Venezuela”. En su primer mandato afirmó que había que apoderarse del petróleo venezolano, pues era valioso “oro líquido”. En  el segundo, postuló que le pertenecían “la tierra, el petróleo y los recursos de Venezuela”. Son elucubraciones de delincuente, cuyo único propósito es adueñarse de los haberes de su víctima. Nada más equivocado desde la perspectiva legal, política y práctica.

Añadamos que  la perspectiva de saquear el “oro líquido” parece haber enmudecido los demás pretextos para agredir a nuestro país. Nadie sataniza como “invasión” el modesto flujo de migrantes venezolanos hacia el Norte. Nadie invoca al imaginario “Cartel de los Soles”; la propia Agencia Central de Inteligencia reconoce que tal organización “no existe”. Por ninguna parte aparecen pruebas de supuestos cultivos, laboratorios o embarques de drogas que en realidad se mueven por el Pacífico; mucho menos de fentanilo, que contrabandean otros países. Nadie proclama  como “Presidente legítimo” al anodino González Urrutia; Trump no  recibe a la señora Machado ni le contesta el teléfono aunque ésta le prometa transferirle el Premio Nobel de la Paz; ante los medios declara que  ella “no tiene apoyo” ni         “capacidad”. Confesión irrecusable de que absolutamente nadie cree que hubieran ganado jamás elección alguna.

Parece que lo único de que se puede acusar a Nicolás Maduro es de presidir un país rico en hidrocarburos. Pero las leyes de Estados Unidos no son aplicables a un ciudadano venezolano por actos efectuados en Venezuela. Las normas estadounidenses  son sólo aplicables en su propio  territorio, y sus autoridades no tienen competencia ni jurisdicción para actuar fuera de sus límites. Tales leyes tampoco justifican la violación del territorio del Estado soberano de Venezuela, ni el asesinato en él de arriba  de un centenar de víctimas inermes o que ejercían su derecho a la legítima defensa, ni el bombardeo, incendio y destrucción de infraestructuras e instalaciones.

Los estadounidenses sólo  pueden  tomar prisioneros fuera de su territorio en estado de guerra, y es público y notorio que durante el secuestro del Presidente Nicolás Maduro no existía guerra legítimamente declarada entre Venezuela y Estados Unidos, sino ilegal destrucción por  fuerzas estadounidenses  de lanchas pesqueras y sus tripulantes, y robo de nuestro petróleo trasladado en diversos tanqueros.

Añadamos que, según la Convención de Viena, los presidentes de Estados soberanos gozan de inmunidad diplomática durante el ejercicio de sus funciones.


El secuestro implica responsabilidad penal para sus perpetradores, pero no para sus víctimas, pues el delito no crea derechos para el delincuente. El ilegítimo secuestro de un Presidente no legitima a sus perpetradores para “manejar el país” de la víctima, Ni las leyes de Venezuela, ni las de Estados Unidos, atribuyen ningún tipo de derechos a los secuestradores sobre sus víctimas ni sobre el patrimonio privado o público que éstas administren.

El ilegítimo secuestro violento de un Presidente por efectivos armados de otro país, que ni siquiera fueron autorizados para ello por el

Congreso de éste, no debe  ser considerado más que como falta temporal del funcionario, ya que el mismo está vivo y existe la posibilidad de que sea reintegrado a sus funciones, a cuyos efectos la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela dispone:

Artículo 234. ° Las faltas temporales del Presidente o Presidenta de la República serán suplidas por el Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva hasta por noventa días, prorrogables por decisión de la Asamblea Nacional hasta por noventa días más.

Si una falta temporal se prolonga por más de noventa días consecutivos, la Asamblea Nacional decidirá por mayoría de sus integrantes si debe considerarse que hay falta absoluta

Añadamos una reflexión pertinente. ¿Qué futuro aguarda a la comunidad internacional si se acepta que pueden y deben ser secuestrados todos los mandatarios que no agraden al Presidente de una sola potencia?

Una cosa es aniquilar pescadores inermes o secuestrar ciudadanos, y otra obtener el consentimiento de más de treinta millones de compatriotas.

De lo único que los criminales han  logrado apoderarse es de la persona física del Presidente, quien ya ha sido sustituido de manera constitucional y temporal por la Presidenta encargada.

Los poderes públicos, las riquezas, el territorio y la población de la República Bolivariana de Venezuela siguen perteneciendo única y exclusivamente a los venezolanos, y no a forajidos foráneos sin otra motivación que apoderarse de lo que no les pertenece.

Por tanto, ningún poder extranjero determina el contenido de nuestras leyes,  los actos de ejecución de ellas, ni las sentencias que resuelven las dudas sobre su correcta aplicación, ni en el ejercicio del sufragio ni en los actos de control sobre dichos poderes ejercido por el Poder Moral. Ni una sola de las decisiones de nuestros Poderes Públicos es dictada, ni puede serlo, por delincuentes de otras nacionalidades.

        Ni un palmo de territorio de la República Bolivariana de Venezuela  está ocupado por un invasor extranjero. Ni un metro de su territorio está actualmente fuera del control de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. Tampoco hay bases militares manejadas por efectivos foráneos. Nuestras leyes se aplican de manera uniforme a lo largo de nuestra extensión territorial. Tampoco está nuestro territorio fragmentado en zonas en las cuales tengan potencias foráneas distintos grados de privilegio o de autoridad legislativa, ejecutiva y judicial. Richard Wolff denunció que a mediados de diciembre ya existía un plan para fragmentar las zonas ricas en minerales de Venezuela entre varios consorcios extranjeros propietarios de sus recursos, y dejar el resto a un gobierno sin ingresos ni medios para el gasto social.

        Pero las riquezas y derechos que nuestra Constitución atribuye a la República siguen perteneciendo a ésta, así como las  empresas cuya propiedad exclusiva la Ley Fundamental otorga  a la Nación.

        Cualquier intento de invalidar estos principios sería nulo de toda nulidad; constituiría sólo tentativa  de violación de  nuestra soberanía y aniquilación de nuestra República, y todos los venezolanos y venezolanas estamos revestidos en consecuencia del deber y el derecho de resistirlo por todas las vías, según lo dispuesto en el artículo 333 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela:

Artículo 333. Esta Constitución no perderá su vigencia si dejare de observarse por acto de fuerza o porque fuere derogada por cualquier otro medio distinto al previsto en ella.

En tal eventualidad, todo ciudadano investido o ciudadana investida o no de autoridad, tendrá el deber de colaborar en el restablecimiento de su efectiva vigencia

Sólo  merece Patria quien la defiende.

TEXTO/FOTOS: LUIS BRITTO

PD: PEDIMOS EXCUSAS A NUESTROS LECTORES POR ALGUNAS IRREGULARIDADES EN LA APARICIÓN DE ESTAS PÁGINAS, CAUSADAS POR LA INOPERATIVIDAD DE LA INTERNET DE CANTV DESDE NOVIEMBRE PASADO. ESPERAMOS QUE DESDE AHORA FUNCIONE EFICAZMENTE.

 

miércoles, 24 de diciembre de 2025

VENEZUELA PERTENECE SÓLO A LOS VENEZOLANO

 

Luis Britto García



Se   endurece y recrudece la campaña mediática, política, estratégica y delictiva contra Venezuela y los venezolanos. No es novedad. Desde nuestra Guerra de Independencia sufrimos intervenciones. En El pensamiento del Libertador: Economía y Sociedad esbocé un catálogo de las primeras. Durante  la contienda contrabandearon armas para los realistas; sembraron de espías Nuestra América para controlar y sabotear los esfuerzos unitarios de la Gran Colombia; se opusieron abiertamente al Congreso Anfictiónico de Panamá. Por algo Bolívar consignó en 1819 que “los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia a plagar la América de miserias en nombre de la libertad”.

         Citemos ahora las más notorias y recientes. Por ejemplo, la abierta participación estadounidense en el golpe del 11 de abril de 2002. La calificación de Venezuela como “amenaza inusual y extraordinaria” por Barack Obama en decreto del 6 de marzo de 2016. El  reconocimiento del delincuente Guaidó como Presidente autoelegido,  con el consiguiente pillaje de los bienes de la República  en el exterior. Fallidos intentos de magnicidio y de invasión por mercenarios. El  cúmulo de más de un millar de Medidas Coercitivas Unilaterales destinadas a plagar de miserias a los venezolanos con la esperanza de forzarlos a  deponer  las autoridades que eligieron.

Todas culminan en el  vandalismo  de cercar las aguas territoriales de Venezuela con acorazados, portaaviones, cazabombarderes y submarinos nucleares, aniquilar lanchas y  tripulantes desarmados y  abordar  tanqueros, pillar su carga de petróleo venezolano, y excusarlo el 19 de diciembre de 2025 eon el programa de Trump hacia  nuestro país: quedarse con “todo el petróleo, las tierras y los activos que nos robaron”.

Postula el sicoanálisis que por el  mecanismo de “Proyección” atribuimos  a otros nuestras ambiciones ocultas. Decir que los venezolanos “robaron” a Trump “el petróleo, las tierras y los activos de Venezuela” es poner al descubierto capas profundas de la mente de un delincuente, cuyo único instinto es considerar suyo lo ajeno. Es aplicación   del proyecto National Security Strategy de noviembre de 2025, según el cual América Latina y el Caribe debe quedar reducida a sarta de colonias sin soberanía ni autodeterminación, sin el menor derecho con respecto a la metrópoli, obligadas a perseguir las organizaciones que  Estados Unidos considere ilegales, con políticas migratorias, propiedades de activos, recursos, cadenas de abastecimiento y locaciones claves a disposición de los intereses y deseos estadounidenses.

¿Habráse visto jamás tal prepotencia, apenas matizada con ignorancia? Aclaremos. Las tierras, activos y  riquezas de Venezuela pertenecen a quienes la habitamos desde tiempos inmemoriales. Para los pobladores originarios todo pertenecía a todos, hasta que los conquistadores impusieron  propiedad privada sobre la superficie de algunas tierras. La Corona, sin embargo, reservó para el Estado la propiedad del subsuelo y sus riquezas. Este régimen pasó automáticamente a la Patria naciente, como reconoce el  Libertador en decreto dado en Quito el 24 de octubre  de 1829, según el cual “las minas de cualquier clase pertenecen a la República”. 



Confirmar tal derecho requirió una Guerra de Independencia en la cual se sacrificó cerca de la tercera parte de la población. Es el  régimen que desde entonces repiten todas nuestras constituciones y buena parte de las de América Latina y el Caribe. Dicho sistema es diametralmente opuesto al anglosajón, que atribuye la propiedad del subsuelo al dueño de la superficie.

Tal derecho es reconocido, no sólo en las constituciones de cada Estado, sino también en la Resolución 1803 (XVII) de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas, la cual reconoce: “El derecho de los pueblos y naciones a la soberanía permanente sobre su riqueza y recursos naturales debe ejercerse en interés del desarrollo nacional y del bienestar de los pueblos del respectivo Estado”.


La explotación –y no la propiedad- de algunas riquezas minerales puede ser otorgada en concesión discrecionalmente por el Estado a particulares, sólo  por tiempo limitado, y bajo la condición de respetar el ordenamiento jurídico y cancelar los impuestos que éste sancione. Así, las concesiones para explotar  yacimientos petrolíferos fueron otorgadas por Juan Vicente Gómez a  testaferros, quienes las transfirieron a compañías extranjeras a cambio de jugosas comisiones. Las petroleras gozaron de tantas prebendas y exenciones tributarias que, según demostró el ministro de Hacienda Gumersindo Torress, hubiera sido más lucrativo regalarles el petróleo y cobrarles sólo los exonerados impuestos de importación.

Nuestra industria petrolera se construyó fundamentalmente con el trabajo de obreros venezolanos, cuyas condiciones y remuneraciones fueron en  las primeras décadas tan miserables que detonaron la histórica huelga de 1936.

En 1943, bajo la presidencia de Isaías Medina Angarita, la Ley de Hidrocarburos sistematizó el régimen de  concesiones petrolíferas y  dispuso que su duración no podía exceder de cuarenta años, cumplidos los cuales  revertirían sin costo alguno  a la Nación todos los equipos e infraestructuras  dedicadas a dicha explotación. La llamada Nacionalización Petrolera de Carlos Andrés Pérez en 1976 en realidad pagó a las empresas extranjeras espléndidas indemnizaciones por lo que debía regresar al patrimonio  nacional gratuitamente en 1983.

Como bien señala el experto petrolero Einstein Millán Arcia: “las trasnacionales fueron grotescamente compensadas y más bien nos deben dinero. Venezuela reconoció compensaciones pagando aproximadamente 1.100 millones de dólares de 1976 calculado según el valor neto de sus activos en libro a las compañías extranjeras Exxon, Creole, Gulf y otras. Cerca de la mitad de dicha suma fue cancelada en efectivo, mientras que la diferencia en bonos a cinco años con bajo interés. Aparte de las vulgares ganancias brutas; compensaciones por activos obsoletos con un inflado valor en libro, el estado-PDVSA, el estado también compensó a éstas mediante “contratos de aistencia técnica” por dos años renovables, incluidas tarifas leoninas del 1,7% sobre las ventas de petróleo. Además, se firmaron acuerdos generosos de comercialización que añadieron cientos de miles de millones más en los primeros años (…)”.

Dusde el inicio de la gran explotación petrolera en 1914, la conducta de las  compañías foráneas con respecto al país sólo puede ser caracterizada como ininterrumpido latrocinio fiscal y tributario. Hacia 1967  revisé los voluminosos expedientes de los reparos formulados a sus declaraciones de rentas. Entre infinidad de otros fraudes y triquiñuelas, restaban gastos que no eran normales ni necesarios para la producción de la renta,  declaraban como precio del petróleo exportado  el de su ficticia “venta” por céntimos a sus propias casas matrices, las cuales lo revendían afuera a las muy elevadas cotizaciones del mercado mundial. A pesar de que tal estafa fue  reprobada por sentencias firmes de la Corte Suprema de Justicia de la época, el gobierno de Lusinchi “transó” por  cantidad irrisoria lo que se nos debía por décadas de fraudes,  aunque  la transacción no es constitucionalmente posible en materia de interés público nacional.

Todas las flotas, amenazas y robos del mundo no pueden cambiar estas verdades. Quienes han robado “el petróleo, las tierras y los activos” de Venezuela no han sido los venezolanos, sino consorcios extranjeros dirigidos por magnates que  nunca han pisado nuestro territorio. Hoy intentan culminar  ese pillaje. Detengámoslo.

TEXTO/FOTOS: LUIS BRITTO

lunes, 22 de diciembre de 2025

TODOS CONTRA LOS PIRATAS

Luis Britto García

  

El 9 de diciembre de 2025 se añade otra infamia al casi inagotable cúmulo  de agresiones contra Venezuela. Unidades navales de Estados Unidos abordan violentamente, secuestran y roban en aguas internacionales un tanquero al cual las agencias noticiosas califican alternativamente como venezolano, iraní o ruso, con cargamento de casi dos millones de barriles de petróleo propiedad de nuestro país.

Con esta tropelía quedan al descubierto todas las coartadas según las cuales  el bloqueo naval estadounidense cerca de las aguas territoriales de Venezuela tenía por objeto detener la inmigración ilegal o un fantaseado tráfico de droga. La nave no se dirigía a la potencia norteña, sino a Cuba. Entre unas 80 embarcaciones interceptadas en el absurdo cerco, fue la única en no ser destruida con sus tripulantes al ser avistada. El  tanquero no transportaba sustancias ilícitas, sino el verdadero objeto del aparatoso bloqueo: petróleo. Luego del latrocinio, el presidente Trump declaró jubiloso que era el mayor cargamento que habían obtenido, y que eventualmente se quedaría con él.

Hemos advertido que Estados Unidos sólo tiene petróleo para unos seis años más. Su acto es el arrebatón desesperado de un delincuente que no puede subsistir sin energía fósil ajena.

¿Cómo calificar lo incalificable?      El delito tipifica  al delincuente. Vienen a la cabeza infinidad de rótulos: piratas. corsarios,  filibusteros, zee-rovers, pechelingues, privateers, corsarios, e incluso bucaneros y Hermanos de la Costa. Corsarios son quienes con naves privadas se apoderan de embarcaciones  enemigas de un Estado, autorizados por patentes  conferidas por éste. Filibusteros, tripulantes de pequeños filibotes o fly boats, independientes de toda autoridad territorial, anarquistas, igualitarios, fundadores de colonias democráticas en América del Norte y Madagascar.  Bucaneros, o Hermanos de la Costa, fueron comunidades de pobladores ilegales de las colonias españolas que sembraban tabaco y  ahumaban carne en parrillas o “boucans”. En cuanto al pirata propiamente dicho, el exhaustivo lexicógrafo inglés Samuel Johnson lo define en su Dictionary como "un ladrón del mar".

Puedo aportar algo al tema porque escribí tres libros sobre él, en tiempos felices ejerzo como submarinista y navegante deportivo,  y una noche memorable ayudé a Otrova Gomás a repeler con disparos de pistolas de señales un asalto pirático a su velero Lao.

La piratería, el segundo oficio más viejo del mundo, se sigue ejerciendo hasta nuestros días. El año 2023 se registraron 120 incidentes de esa índole. Para tipificar tales atrocidades, el artículo 101 de la Convención de Naciones Unidas sobre Derecho del Mar de 1982 califica como  piratería: “a) Todo acto ilegal de violencia o de detención o todo acto de depredación cometidos con un propósito personal por la tripulación o los pasajeros de un buque privado o de una aeronave privada y dirigidos: i) Contra un buque o una aeronave en alta mar o contra personas o bienes a bordo de ellos; ii) Contra un buque o una aeronave, personas o bienes que se encuentren en un lugar no sometido a la jurisdicción de ningún Estado; b) Todo acto de participación voluntaria en la utilización de un buque o de una aeronave, cuando el que lo realice tenga conocimiento de hechos que den a dicho buque o aeronave el carácter de buque o aeronave pirata; c) Todo acto que tenga por objeto incitar a los actos definidos en el apartado a) o el apartado b) o facilitarlos intencionalmente”


                                                    

Interpretemos tal disposición conforme a la lógica jurídica. Según su aparte a) constituyen piratería hechos “cometidos con un propósito personal por la tripulación o los pasajeros de un buque privado o de una aeronave privada”.  Lo cual llevaría a la contradictoria conclusión de que cualquier “acto ilegal de violencia o de detención o todo acto de depredación” en alta mar o en un lugar no sometido a ningún estado, no sería piratería si se comete desde  naves o aeronaves públicas o militares.

Pero el personal militar, sus armas, equipos y transportes terrestres, aéreos o navales tienen por finalidad esencial defender su propio país contra agresiones externas, pero no están autorizados a actuar fuera de su territorio ni en contravención de las leyes nacionales e internacionales, y menos cuando no existe declaración de guerra. Un soldado puede ejercer violencia en defensa de su patria, pero su condición de personal armado no lo autoriza para hurtar, estafar, robar, violar, secuestrar,  asesinar, incendiar, destruir  y en líneas generales quebrantar el ordenamiento jurídico sin ser declarado responsable y culpable por ello. Quien comete  violencias ilegales sin  que exista Estado de Guerra, responde por ellas independientemente de su condición militar o de que se sirva para  sus atropellos de naves o aeronaves públicas.

Por iguales causas, su  pillaje  no puede ni debe ser calificado como “incautación”, “decomiso” o  “confiscación”, ni jurídica ni comunicacionalmente. Se incauta, confisca o decomisa en ejecución de normas vigentes legítimamente aplicables. ¿Y cuál Ley, decreto, tratado o normativa atribuye competencia a Estados Unidos para abordar, usurpar, robar, pillar, saquear  y destruir todas las naves, cargamentos y tripulaciones de cualquier nacionalidad en aguas extraterritoriales en donde por consiguiente no tienen competencia  autoridades estadounidenses ni son obligatorias sus normas? ¿En función de qué tendría un solo país derecho a  convertir impunemente en botín o destruir todas las embarcaciones que naveguen en alta mar y atropellar, secuestrar o asesinar a sus tripulantes?

Insistimos en la calificación de tales hechos como “piratería” porque ell artículo 105 de la citada Convención de Naciones Unidas sobre Derecho del Mar  además dispone que Todo Estado puede apresar, en alta mar o en cualquier lugar no sometido a la jurisdicción de ningún Estado, un buque o aeronave pirata o un buque o aeronave capturado como consecuencia de actos de piratería que esté en poder de piratas, y detener a las personas e incautarse de los bienes que se encuentren a bordo”. Por tanto, tipificar jurídicamente ciertos crímenes horrendos como  piratería es conferir competencia para prevenirlos, perseguirlos  y sancionarlos a  todos los Estados de la tierra.

Si, por el contrario, se interpreta que cualquier país puede impunemente interceptar, capturar saquear o destruir embarcaciones o tripulaciones que naveguen en el Mar Libre, es decir, fuera de sus aguas territoriales, ello equivaldría al fin del comercio marítimo mundial. Habría que regresar al incosteable e impracticable sistema colonial de los siglos XVII y XVIII, de Flotas o convoyes de mercantes custodiados por escuadras de buques  de guerra desde y hacia puertos fortificados, todos actualmente vulnerables a la misilística moderna.

La piratería, crimen contra la humanidad, sólo puede ser erradicada por la totalidad del género humano.


            PD: LLEVAMOS DOS SEMANAS SIN CARGAR ESTE BLOG DEBIDO A  FALLAS EN EL SERVICIO DE INTERNET DE CANTV.                                                   

TEXTO/FOTOS: LUIS BRITTO

domingo, 7 de diciembre de 2025

ISTANBUL

 Luis Britto García


Romas
. El año 753 A.C. una banda de salteadores de caminos y secuestradores de mujeres funda la Primera Roma, aldea a la cual la repetida rapiña exalta como Imperio y la creciente dependencia de tropas mercenarias hace caer el año 476 D.C. tras saquear toda Europa y el Oriente Medio. Pero una división había generado una Segunda Roma el año 395 D.C, la del Imperio de Oriente, Bizancio,  Constantinopla o Istanbul, que se instaló sobre una urbe ya fundada por colonos griegos hacia el 667 A.C. dueña del estratégico paso del Bósforo por el cual el comercio naval del Asia accedía al Mediterráneo. En mayo de 1453 el sultán Mehmed II al mando del Gran Imperio Otomano la conquista, cierra el paso del Bósforo y motiva a lo que llamamos Occidente a hacerse a la mar para fundar una Tercera Roma, que hoy declina devorada por  sus propios mercenarios.  Los imperios pueden citarse en un párrafo, las vidas  apretarse en un parpadeo. Entre estas marejadas humanas permanece  Istanbul,  durante un milenio emperatriz, hoy apasionada testigo de si misma.  

Istanbul. La ciudad sobrevive a sus creadores y a sus propias reencarnaciones. Permanece fiel al primer plano de toda urbe, que es la maraña. Siguiendo la topografía originaria las callejuelas se ovillan en relieves y vadean abismos como serpentinas que devienen telarañas y vuelven sobre si mismas como remolinos entre el fulgor de los bazares y la contagiosa euforia de sus muchedumbres. Si la existencia es laberíntica, ¿por qué sus cauces habrían de ser rectilíneos? Sólo el relámpago de la soberbia construye villas cuadriculadas, inteligibles, todo lo que no debe ser una ciudad ni una vida. En una urbe donde coexisten tantas ruinas bien pueden sobrevivir un instante las de una sola existencia. Quizá las ciudades sean los verdaderos seres vivientes. Somos demasiado pequeños, demasiado efímeros para ser de alguna consecuencia.



Agya Sofía, Mezquita Azul. Antes de nuestras eficaces guerras tecnológicas, las edificaciones duraban casi tanto como las ciudades. Piedras que homenajearon dioses paganos y  honraron luego deidades cristianas para adorar hoy el fulgor del Único. Istanbul, frontera entre el pasado y el futuro, entre Asia y Europa, entre Zeus, Jesús y el Profeta, Nubes de piedra adoptan  formas de cúpulas perfectas que simulan y desafían firmamentos. Creemos honrar seres invisibles cuando adoramos la obra de endebles manos perecederas como las nuestras. Tras esas vidas anónimas que edificaron milagros veneramos quizá la pasión que nos falta.

Cisterna Binbirdirek. Ampulosas naves como las de una agregación de catedrales cubren un lago sombrío sembrado  de pasillos y  columnas alegóricas; entre ellas la de Medusa. La oscuridad impide la alucinación perfecta, que sería la del dosel de cúpulas duplicándose en la infinita profundidad líquida. Toda ciudad es acuática, aún la enclavada en el desierto. El agua es la miel que reúne la colmena humana.  Sin acueducto puede haber aldea, pero no ciudad.  Una muchacha me ofrece la inevitable moneda que hay que arrojar al pozo que según los cuidadores hace cumplir deseos. Todo anhelo tiene un nombre. Por un instante creo haber olvidado el de la que me hizo olvidarme de mi mismo ¿Me destruirá el lograrlo o el no lograrlo?


Iberoamerikan Yazarlar Bulumasi.  Me invita el Instituto Cervantes de Turkiye al III Encuentro de Escritores Iberoamericanos para disertar sobre literatura, o sea, la  explicación del mundo. Arribo gracias al solidario apoyo del Ministerio del Poder Popular para la Cultura, el Cenal y de nuestra Embajada. Improviso ante un tumulto de imponentes académicos. Postulo que los mitos y las variantes de los relatos imaginarios nacen de los sueños, algunos de los cuales nuestros antepasados bien podían confundir con alguna clase de vigilia. Los primeros hombres no distinguían perfectamente entre la vida que experimentaban con los ojos cerrados y la diurna. Asomó Jorge Luis Borges que «La literatura no es otra cosa que un sueño dirigido». Quiza el  origen de todos los relatos imaginarios está en esa realidad ficticia que todas las noches vivimos. Nadie sabe por qué los mamíferos superiores sueñan, ni el sentido de sus ensoñaciones, pero el sujeto al cual se permite dormir pero se impide soñar despertándolo termina perdiendo la cordura. Así como un  cerebro que no sueña colapsa, una sociedad que no imagina se desintegra. Cada pueblo instituye como verídicos relatos ficticios, acaso soñados, que llama religión, filosofía, historia, que al ser tomados como reales le permiten ordenar su realidad y acaso extraviarse en ella. Dentro de este magma imaginario la literatura se define por su milenaria lucha por tornarse irreal. Pues desde el principio de los tiempos no hubo alucinación, pesadilla ni infundio que no fuera tenido por verídico una vez articulado como relato. Desde los diversos Génesis hata los Apocalipsis innumerables, desde las sagas homéricas al ciclo arturiano, todo era tenido por cierto, revelado por dioses, iluminados o voceros de la irrebatible tradición. Hasta la filosofía se expresaba en narrativas que se pretendían verídicas: el mito de la Caverna, el de los seres  divididos que se reencuentran en el amor.  Sólo a partir de la Ëpoca Moderna  la literatura conquista el carácter ficticio que la independiza de la realidad y le permite por tanto asemejarse lúcidamente  a ella. Desde entonces su autor es el hombre precario que narra desde una perspectiva tan subjetiva como la que desarrollan las artes plásticas, y sus personajes son ficciones identificadas por un punto de vista: la Celestina, Don Pablos, El Buscón, Don Juan, Hamlet, el Príncipe Segismundo, Alonso Quijano, Sancho Panza, Cándido, Luciano de Rubempré, Raskolnikov, Stephen Dedalus,  Gregorio Samsa.  Pero al mismo tiempo, estos personajes representados como ficciones son la más fidedigna encarnación de las ideologías con las cuales cada sociedad sueña el misterio del mundo: Barroco, Conceptismo, Manierismo, Ilustración, Romanticismo, Positivismo,  Subjetivismo, Expresionismo, Relatividad,  Surrealismo, Nihilismo, Postmodernidad,  El sueño sólo revela la verdad a partir del momento  en que cumple la hazaña de  independizarse de ella. Ovación. Paso horas dibujando dedicatorias a la versión bilingüe   en turco y castellano de los Cuentos Selectos de Rajatabla, publicación del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Ankara y de nuestra Embajada. .



Ankara. Ancira o Angora, desde el 230 A.C. cabeza de la antigua Galacia, es instituida por Kemal Ataturk desde 1923 como capital de Turkiye por su posición central en el país y el espacio disponible para proyectos modernizantes. Tiene en efecto un centro tradicional y mercados deslumbrantes, pero es en gran parte una urbe nueva, donde parece que acabaran de quitar la envoltura de plástico a centenas  de rascacielos recién hechos.



En el Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Ankara converso sobre América Latina y el Mundo Musulmán, sobre la ficción que miente que con la reconquista de Granada en 1492 desaparecieron  los casi ocho siglos de cultura islámica transcurridos desde la conquista de Hispania por los omeyas en 711, así como  los rasgos de ella transmitidos a América. Al  Centro de Pensamiento Estratégico de Turkiye, también en Ankara, dirijo la ponencia “Geopolítica del agotamiento de los hidrocarburos”, sobre la pesadilla que todos debemos enfrentar en breve: reinventar un mundo sin energía fósil, después de que la que tenemos sea consumida en cuatro o cinco décadas apenas.  



 Milli Kütüphane. Biblioteca  Nacional de Turkiye en Ankara, otro de los monumentos que suspenden el ánimo. Un descomunal cilindro cupular alberga en su interior seis pisos con estanterías concéntricas que alojan arriba de cuatro millones de volúmenes impresos, incunables, cartografías, manuscritos de valor incalculable. Pensar cuántas vidas requirió escribirlos, cuántas necesitaría el leerlos. La información es anulada por su destrucción o su exceso. En la amplia sección de Venezuela encuentro varios títulos míos; deposito otros que llevo como ofrendas. No hay  biblioteca  o vida inmune al pavor  del infinito.


TEXTO/FOTOS: LUIS BRITTO.

viernes, 5 de diciembre de 2025

ESTADOS UNIDOS TIENE PETRÓLEO SÓLO PARA SEIS AÑOS

 Introducción a la ponencia Geopolítica del  Agotamiento de los Hidrocarburos, presentada ante el Centro del Pensamiento Estratégico de Turkiye, Ankara

Hidrokarbon Kaynaklarının Tükenişinin Jeopolitiği

https://www.sde.org.tr/analiz/hidrokarbon-kaynaklarinin-tukenisinin-jeopolitigi-haberi-61671


Luis Britto García

Petróleo, motor del mundo. El planeta se mueve con hidrocarburos. Sin ellos  no funcionarían automóviles, ni aeroplanos, la mayoría de los transportes acuáticos o terrestres, ni maquinarias cultivadoras y cosechadoras de alimentos, ni dispondríamos de plásticos, vías asfaltadas ni de gran parte de los insecticidas y fertilizantes. Una población mundial que sobrepasa los 8.000 millones de seres ya no puede regresar a la producción artesanal.

Aproximadamente el 87,4% de la energía que consume el planeta en la actulidad proviene del combustible fósil. Los hidrocarburos no son recursos naturales renovables. Para estimar la potencial duración de nuestro estilo civilizatorio actual debemos calcular sus reservas energéticas y el ritmo de consumo de ellas.

El “pico de los hidrocarburos”, a partir del cual estos se harán cada vez más escasos, difíciles de extraer y antieconómicos, ya está aquí. Materia tan compleja genera pronósticos disímiles, pero todos anticipan su proximidad. El Ministro de Finanzas ruso Vladimir Kolichev estima que “el pico del consumo bien podría haber pasado” (https://www.bloombergquint.com/markets/russia-starts-preparing-for-life-after-peak-fossil-fuels). British Petroleum calcula que nunca retornará al nivel de 2019, la marca más alta en la historia del petróleo. La compañía estatal Equinor de Noruega sitúa el derrumbe de la producción hacia 2027 o 28; la investigadora noruega Rystad Energy lo prevé para 2028; la francesa Total SA hacia 2030; la consultora McKinsey para 2033; el grupo Bloomberg NEF y los consultores Wood Mackenzie en 2035; la estimación más optimista es la de la OPEP, que lo fecha hacia 2040 (https://www.bloomberg.com/graphics/2020-peak-oil-era-is-suddenly-upon-us/).

A partir de ese óptimo “pico de los hidrocarburos” se estima que, en cuatro o cinco décadas, para extraerlos se hará necesario invertir más energía que la que estos producirán. Los países con mayores reservas serán los que más tardarán en llegar a este virtual agotamiento.

El país con mayores reservas probadas de petróleo es Venezuela, con 303.806 millones de barriles, y el segundo Arabia Saudita, con 260.000 millones de barriles. Rusia ocupa el octavo lugar en el rango mundial de reservas, con 80.000 millones de barriles, casi el doble de las de Estados Unidos, el mayor consumidor de hidrocarburos del mundo, que ocupa apenas el décimo lugar en reservas, con 47.053 millones de barriles.

La inmensa China se sitúa en el puesto 14, con 25.000 millones de barriles. La sigue Brasil, en el puesto 15, con 16.184 millones de barriles. La muy poblada India está en el puesto 22, con 2.625 millones de barriles. Y Sudáfrica en el rango 83, con 15 millones de barriles.

Tales cifras son aproximativas, y calculadas con pequeñas diferencias de años, pero ofrecen una visión general de las disponibilidades de una de las mayores fuentes de energía fósil. (https://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Pa%C3%ADses_por_reservas_probadas_de_petr%C3%B3leo)

Con la amable colaboración de Freddy Molina, Embajador de la República Bolivariana de Venezuela en Türkiye, acopiamos datos sobre Estados Unidos, país décimo en reservas, caracterizado por su voraz consumo de energía fósil y su necesidad de importar entre el 30% y el 35% de ella. En 2023 devoró en promedio unos 20,25 millones de barriles de petróleo diarios, unos 7,39 miles de millones de barriles al año. A mediados de 2025, según el U.S. Department of Energy, su reserva estratégica alcanzaba unos 410 millones de barriles. A fines de 2023 tenía en el subsuelo reservas probadas de petróleo crudo y condensados de unos 46,4 miles de millones de barriles.

Estas reservas probadas, a un ritmo de consumo de unos 20,25 millones de barriles diarios, apenas bastan para unos 2.290 días, o sea unos 6,3 años.

Por otro lado, la reserva estratégica de unos 410 millones de barriles daría solo para 20,2 días de consumo nacional al ritmo actual. (How much oil is consumed in the United States? U.S. Energy Information Administration (EIA) – FAQ: In 2023, average consumption ~20.25 millones de barriles al día. URL: https://www.eia.gov/tools/faqs/faq.php?id=33&t=6).

Se entiende la gravedad de estas cifras si se considera que, desde que el Presidente Richard Nixon declaró en 1971 que el dólar dejaba de estar  respaldado en oro, el valor de dicha divisa está sustentado en el “petrodólar”, vale decir, en  la presión militar y diplomática para que todas las compras y ventas de petróleo en el mundo sean efectuadas en dólares. No es sólo la economía productiva, el armamentismo  o el consumismo estadounidense lo que depende de la energía fósil: también descansa sobre ella la decreciente credibilidad de su moneda y su sistema financiero.

Tal es el motivo por la cual Estados Unidos, el mayor consumidor de energía fósil del mundo, ha agredido o apoyado la agresión contra los siete países de la célebre lista revelada en  2003 por el general Wesley Clark: Irak, Siria, Líbano, Libia, Irán, Somalia y Sudán, todos con petróleo o estratégicamente cercanos a países o yacimientos petrolíferos.


       Dos factores agravan la crítica situación estadounidense. En primer lugar, ni el gobierno ni la sociedad han realizado esfuerzos notables para aprovechar o desarrollar energías alternativas, como la eólica, la hidroeléctrica, la geotérmica o la fotovoltaica. Por el contrario, han  intensificado la agresión o las amenazas coercitivas contra los países productores de energía fósil, e incrementado el extractivismo interno resumido en la consigna de Trump: Drill, Baby, drill!

En segundo lugar, una desafortunada e insolente política externa los ha malquistado con sus más cercanos proveedores de energía fósil,  Canadá y México, y los distancia de algunos de sus anteriores aliados en el Cercano Oriente, como Qatar, agredido por Israel, o Arabia Saudita, descontenta con el sistema del petrodólar.

        Esta es la verdadera razón por la cual una desmesurada flota estadounidense con portaaviones, cazabombarderos  y submarinos nucleares  bloquea las costas de Venezuela y asesina tripulantes de diminutas  lanchas de pesca artesanal. La que fuera primera potencia militar del planeta ya no dispone de hidrocarburos para mantener su desmesurado consumo, su industria, su sistema productivo ni su aparato financiero, y trata una vez más de arrebatarlos por la fuerza bruta.

La Tercera Guerra Mundial podría arrancar  con el intento del latrocinio de la mayor reserva de hidrocarburos del planeta, para acapararla, dilapidarla  y destruir por inanición energética a los países que no dispongan de energía fósil propia.

El destino de la humanidad depende de que las limitadas reservas de energía fósil sean aplicadas para desarrollar en  paz energías alternativas que permitan la creación de un nuevo modelo civilizatorio.

TEXTO/FOTOS: LUIS BRITTO


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SDE Editör | 28 Kasım 2025